Nos ha llegado Bexsero

   Hace unos meses, hablando con otra mamá de clase de V sobre la vacuna de la Meningitis B me entró un poco el canguelo y, aunque mi pediatra no había hecho mención al respecto en la revisión de los 18 meses, decidí apuntarme en lista de espera en la farmacia.

   Supongo que si eres mapadre sabrás que hasta ahora no había suministro de la vacuna en las farmacias españolas y que las listas de espera eran larguísimas. Incluso ha habido humanos que han hecho peregrinajes a países vecinos para conseguirla y poder ponérsela a sus cachorros.

   El caso es que como me apunté en mayo (creo) lo había borrado un poco de mi cabeza, hasta que la semana pasada echaron un  programa sobre la dichosa vacuna (creo que era en “Equipo de investigación”) y nos fuimos a la cama con el mal rollo de 1. no tener vacunada a V contra la Meningitis B y 2. conocer efectos secundarios muy chungos de una triple vírica y de una vacuna contra el papiloma. Y, casualidades de la vida, a los 2 días nos llaman.

   A finales del pasado abril, Madresfera organizó un evento muy interesante (como todo lo que organiza esta maravilla humana), “Las vacunas salvan vidas”, donde Amalia Arce, conocida en las redes como La mamá pediatra, y María Garcés, doctora especialista en pediatría e investigadora del área de vacunas del centro superior de investigación en salud pública, nos explicaron por qué hay que vacunar a los hijos: La vacuna es, sobre todo, un instrumento de protección colectivo y no solo algo para proteger a tu cachorro.

   La cosa es que sí que hay efectos secundarios, en un porcentaje bajísimo, pero los hay, y claro que sí, le puede tocar a tu vástago y ahí te mueres de miedo. Pero lo que también es verdad es que gracias a las vacunas se han erradicado muchas enfermedades (o al menos no se detectan casos desde hace un montón de años) que hasta hace no tanto se cobraban muchas vidas o dejaban importantes secuelas.

    De un tiempo a esta parte ha crecido el número de personas que decide no vacunar a sus hijos, fundamentalmente, por no correr esos riesgos que he mencionado. Es entendible, tú también eres padre y alguna vez se te ha pasado por la cabeza, pero si V hubiese ido a clase con el primer niño diagnosticado de difteria en 30 años, a lo mejor no estaba yo tan comprensiva.

   Así que mañana vamos al centro de salud  a que le pongan a V su primera dosis de Bexsero, que es el nombre comercial que le ha dado a la vacuna el único laboratorio que la fabrica. Y como de momento, no está incluída en el calendario de vacunación, hemos tenido que pagar el módico precio de 106 € por dosis ._.

¡Vacunar es vivir!