Brecha tecnológica y social en la cuarentena

La educación pública pretende otorgar las mismas oportunidades a todo el alumnado independientemente de su nivel de recursos. Hasta aquí todo bien.

Nadie preveía una cosa así, eso es comprensible. Yo misma me olvidé de poner «pandemia mundial» en el DAFO cuando diseñé el plan de empresa. Pero la realidad es que el estado de alarma ha hecho mucho más visible una brecha tecnológica y social que normalmente pasa más desapercibida (para la mayoría).

En el cole de V hay seres humanos de unas 15 nacionalidades distintas. En general hay bastante integración pero, en algunas familias ninguno de los progenitores habla español.

Y el problema se agrava conforme avanzamos en primaria. Varias familias de los últimos cursos no tienen ni correo electrónico ni ordenador; ni siquiera están en los grupos de Whatsapp de clase. Que tú ahora pensarás que qué suerte pero, en esta situación excepcional en la que no existe otro medio para enterarse de las cosas, esto se traduce en una ausencia total de información. No me puedo ni imaginar el agobio.

Estas familias, que normalmente se informan a través del personal docente o de otras familias en los momentos de socialización después del cole, recibieron una circular en las mochilas el martes 10 de marzo, anunciando que al día siguiente no había clase… y hasta hoy.

Sus peques no están haciendo las tareas que cuelgan en la web semanalmente, no les han llegado los videos de los y las profesoras y de la directora dando ánimos, no ven a sus compis de clase por skype, no tienen contacto con nadie en la comunidad educativa…

Luego están esas familias más afortunadas, que tienen wifi y ordenador pero que no tienen impresora, que esto no es tan raro, o que necesitan el ordenador porque están teletrabajando y no se lo pueden dejar a sus hijis durante 4 horas al día…

El cole de V es pequeñito y nos conocemos todis. Al final entre AMPA y dirección se ha conseguido contactar con la mayoría de familias. Además, no hay clases online, lo cual creo que contribuirá a hacer menos patente a la vuelta las desigualdades del alumnado.

Pero vamos, que aquí va otra mierda de obviedad: la gente con menos recursos es la que más arrastrará los efectos de la crisis del covid-19, también en la educación.

Porque (tal y como está montado el sistema educativo español, que este es otro tema) si ya va a costar recuperar este tiempo sin cole a los niños y niñas que tienen la oportunidad de asistir a las aulas virtuales, ¿qué va a pasar con el resto?