Adaptación, ¿sí o no?

La adaptación. Buf, hay opiniones para todos los gustos, pero en general,  a la mayoría de los mapadres, les parece una chorrada soberana. Además de pillarte de bajón postvacacional, es un periodo prácticamente inconciliable. Tanto, que si eres un humano asalariado y no tienes parientes en la ciudad, te verás obligado a gastar días de vacaciones o a contratar a alguien que pueda hacerla por ti.

¿En qué consiste?

A ver, la adaptación es lo que le pasa a cualquier persona cuando se produce un cambio en su vida. Unos lo llevamos mejor y otros peor. Pero en este post te hablo de lo que se entiende por adaptación desde el punto de vista de la escolarización. Ese periodo en el que el cachorro que empieza en escuela infantil o colegio nuevo, durante la primera semana más o menos, va un ratito cada día (en principio, cada vez más largo), para no dejarle tres mil horas de golpe y porrazo en un entorno completamente extraño. Hay que tener en cuenta el agravante que supone el venir de unas largas vacaciones, en las que han estado con sus mapadres o familia cercana casi las 24 horas del día.

¿Cuánto dura?

Depende del cole y la pedagogía. Por ejemplo, conozco a una mamá que lleva a su peque a un cole Waldorf y allí la adaptación la dirige el cachorro, así que puede durar 2 días o 2 meses.  En los colegios públicos, creo que depende un poco del profesor. En el cole de V, el viernes que empezaron estuvieron media hora en un grupo pequeño de 6 niños, el lunes, otra vez, pero a una hora diferente, el martes, su grupo no fue, el miércoles, 1 hora con otros 11 niños, el jueves otra hora los 24, y el viernes, 2 horas, los 24 también.

El siguiente lunes empezó la jornada normal de septiembre.

¿Funciona?

En nuestro caso, SÍ (o eso creemos). Para nosotros era un punto fuerte a tener en cuenta durante nuestra búsqueda de cole, de hecho fue uno de los motivos por los que descarté los adscritos que visitamos (no tenían adaptación ni opción a plantearla, tenías que dejar allí a tu pequeño humano a medio hacer, de 9 a 17 h desde el primer día y punto), así que es obvio que somos muy proadaptación. Ya sabéis lo que opino de respetar los tiempos del cachorro en general. Tal vez sea porque a V, desde muy bebé, le cuesta mucho confiar en adultos desconocidos, pero la cosa es que yo la entiendo perfectamente, de hecho, creo que nos pasa un poco a todos, en mayor o menor medida.

Seguro que hay un montón de niños que no lo necesitan, pero al final ¿qué es lo que oigo yo en el parque de los coles sin adaptación? Mapás desesperados porque sus peques entran llorando todos los días a clase, incluso lloran en casa, antes de salir, y lo ponen muy muy difícil cuando ya saben dónde van, o se ponen tan nerviosos que se hacen caca encima, o te los tienen que despegar del cuerpo dedo a dedo en la puerta, mientras gritan cosas del tipo “no me dejes, por favor”….Si tenéis descendencia, sabréis lo mal que se pasa cuando ves a tu cachorro así.

Por otro lado, no creo que una adaptación pueda ser contraproducente para un niño (aunque mi amiga I, por ejemplo, cree que su peque mayor se habría adaptado mejor sin ella). A mí, personalmente, si me dan a elegir entre cambio drástico y cambio paulatino, elijo lo segundo; y que a alguien que se adapte fenómeno a todo, el hecho de hacerlo paulatino no le afectará, mientras que a alguien al que le cueste mucho hacerse a lo nuevo, el cambió drástico le descolocará enormemente.

Antes no había adaptación y no pasaba nada

Estoy del antes no sé qué y antes no sé cuál hasta el moñete. Yo recuerdo perfectamente a mi madre dejarme sentada en un aula con otros humanos a medio hacer, decirme que se iba a por el pan y no regresar. Dale una vuelta a eso.

En uno de los coles que visitamos (ese que me pareció pelín rancio), cuando pregunté si había adaptación, me dijeron que  habían probado las dos cosas y que se habían dado cuenta de que funcionaba mejor meterles allí todo el día desde el primer minuto. Mi experiencia ha sido otra, pero tal vez sea casualidad que los compis de V en general hayan estado tan contentos al entrar al cole frente a otros niños cuya adaptación ha consistido en llorar los primeros 5 días de clase (cada día un poco menos, eso sí), tener dolor de estómago, hacerse los enfermos, tirarse en el suelo, pasarse bastante irascibles el resto del día, etc….Deciros también que conozco a mapás que han tenido que meter a sus hijos en ese cole porque el horario es de 9 a 17 h desde el primer día (recordemos que en el público salen a las 16 h durante el año, y en septiembre y junio, dos horas antes),  y que no les ha quedado otra por temas de conciliación, es decir, parece que el problema de base sea otro, ¿verdad?

Nuestra experiencia

V lo ha llevado fenomenal. Hemos tenido la suerte de que coincidiera en clase con su amiga I (de la escuela infantil), lo cual nos ha facilitado el proceso enormemente. Cuando vimos los horarios de adaptación, le preguntamos a la profesora si había posibilidad de que las pusiera juntas, en el mismo grupo, y al segundo, lo estaba modificando a boli allí mismo (fan).

El primer día no quiso darle la mano a nadie que no fuera I, así que entraron juntas en clase, sin llorar =)))). Podemos decir que V ha tenido la mejor de las adaptaciones, pero, ¿y nosotros? Pues fatal jajaja Hemos pasado de saberlo todo y hablar con la profesora de V todos los días, a tener cero información sobre si duerme, juega, come, llora…

Los primeros días, cuando le preguntaba a V si había dormido, me decía que sí, que en una silla (en jornada de puertas abiertas nos enseñaron las camitas donde echaban la siesta los de 3 años, durante al menos, el primer trimestre), así que el jueves C le preguntó a la auxiliar y efectivamente, V duerme en una silla; normalmente a medio terminar el segundo plato, se queda completamente frita, porque durante el mes de septiembre no hay siesta. No entendemos esto muy bien, pero es lo que hay.

En la escuela infantil siempre nos la devolvían limpita, peinada, sin mocos y con el pañal o las braguitas impolutas. Aquí, no. Eso se acabó XDDD. V no ha cumplido los 3 años y hace muchas cosas sola, pero no sabe limpiarse (aunque lo intenta), ni sonarse, ni abrirse el yogur…creo firmemente que la escuela infantil debería durar 2 o 3 años más, pero bueno, esa es otra historia. Quedémonos con que entra y sale contenta, que no es poco.

Nuestra adaptación está durando más que la suya, claramente. Además, estas semanas voy como pollo sin cabeza para llegar a recogerla los días que no está C, así que me debato internamente entre el relax que supondrá que empiece a salir a las 16 h y la pena que me da que esté allí tantas horas.

Ya os iré contando…¿que tal vosotros?

 

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